jueves, 25 de julio de 2019

LA TROPA GUERRERA


En primer lugar quisiera pedir disculpas porque sé que tengo abandonado el blog. El día a día no me deja mucho tiempo para escribir aunque no por falta de ganas. Hoy he decidido contaros como ha cambiado nuestra vida desde que el pequeño guerrero y la princesa llegaron a nuestra vida.
Aunque parece que fue ayer, ha pasado mucho tiempo desde aquel ansiado positivo. Tanto que en menos de tres semanas mis guerreros cumplirán 3 y 4 años. Sí, la princesita va a entrar en el cole de mayores, como dicen ellos y mi pequeño guerrero ya es un mayor de cuatro años, como él muy bien expresa.
Y qué deciros de estos dos bichillos que han puesto nuestra vida patas arriba. Que nos absorben la energía, como dice papiguerrero pero es lo más maravilloso que nos ha pasado.
El pequeño guerrero luchador es eso, un luchador nato. Ya nos lo demostró el mismo día de la transferencia en aquella clínica de Champions y nos lo sigue demostrando cada día. El día que nació, llegando a este mundo en el descuento. Día a día, viendo como se hace grande y como se expresa. Como expresa sus sentimientos diciendo te quiero hasta la ciudad de Pocoyó! Que eso debe ser mucho, o hasta el Sistema Solar!!! Su alergia al huevo le ha hecho muy responsable. Sí, mi niño de cuatro años es responsable con su alergia, diciendo a las profes lo que puede o no puede comer y preguntando en cada momento si eso tiene o no tiene huevo. Eso me da tranquilidad. El pequeño guerrero nos ha enseñado lo que es sentir en cada momento. La palabra que mejor le define es “intensidad”. Para lo bueno y para lo malo. Es intenso para disfrutar e intenso para sufrir. Para bien o para mal, el pequeño guerrero no deja indiferente a nadie allá donde va. Mi pequeño guerrero, un niño excelente con las emociones a flor de piel, una memoria de elefante, una imaginación que no tiene límites, tanto que en alguna ocasión ha creído poder volar como los personajes de los dibujos, sufriendo un gran golpe, rompiéndose el frenillo.
En estos cuatro años, hemos pasado de todo, días malos y días buenos. Ha tenido que pasar por el quirófano una vez, para una intervención sin importancia y se ha portado como un auténtico guerrero. Como dice él, “me han puesto unos chips de superhéroe para correr y saltar mucho mejor”.
Nos queda mucho por aprender con el pequeño guerrero, porque creemos que somos nosotros los que enseñamos a nuestros hijos pero en realidad son ellos los que nos aportan cada día algo nuevo que aprender.
Ahora le toca a mi princesa guerrera. Sí, también le voy a poner el adjetivo guerrera pero además de por luchadora por bichillo. Como les llama la abuela, la tropa guerrera. Predisposición absoluta. Su frase favorita es “No, yo sola”. Yo sola me cambio, yo sola me pongo las zapas, yo sola como, yo sola recojo la mesa, yo sola saco punta a las pinturas, yo sola, yo yo yo.
Como dice su profe, es muy movida y yo pienso que es una definición suave, porque no es capaz de estar más de 5 minutos haciendo la misma cosa. Bueno, voy a rectificar, porque hemos descubierto que le encanta cortar papelitos con tijeras. Se puede tirar una hora cortando papelitos. Le encanta jugar a ser mayor. Disfruta aprendiendo de su hermano. Si el pequeño guerrero está aprendiendo a escribir su nombre, pues ella también quiere aprender. Si el pequeño guerrero nada sin tablilla, ella tampoco quiere tablilla. Es su maestro ante la vida.
La princesa guerrera es muy observadora, todo lo capta, no habla tanto como su hermano pero en cualquier momento te sorprende diciéndote algo que tú crees que no sería capaz como “mamá, solo te doy el abrazo porque los besos ya se me han acabado”.
Los primeros seis meses fueron una bendición. No lloraba, no se quejaba. Dormía relativamente bien, podíamos ir a cualquier sitio con ella que se adaptaba a todo. Vamos, todo lo contrario que el pequeño guerrero. La vida nos quiso compensar todo el sufrimiento del embarazo, parto y primeros meses del pequeño guerrero con nuestra princesa. Siempre decimos que ella se dio cuenta del lío que había en casa con dos bebés y prefirió echarnos una mano. Supervivencia pura. Cuando empezó a conocer mundo, salió el nervio que tenía dentro. Ese genio y decisión herencia de su madre se hace notar en cada acto. Como le dice papiguerrero “Llegarás a presidenta del gobierno si te lo propones, o a la luna, lo que tú quieras”.
Lo que más le divierte es jugar con su hermano o chincharle, trastear y sobre todo ayudar a papá y a mamá con las tareas. Como os he contado ya, predisposición absoluta ante la vida.
Con ella hemos vivido muchas cosas durante estos tres años. Afortunadamente no hemos tenido que visitar mucho al médico pero sí tuvimos un sustillo que nos puso a prueba a toda la familia. Tuvo una convulsión febril el pasado mes de abril, con dos años y ocho meses. Se quedó sin respiración y sin pulso durante aproximadamente 3 minutos, por una subida rápida de temperatura. Papiguerrero le practicó la RCP y con ayuda del 112, que estaba al teléfono pudimos reanimarla y todo quedó en el susto más grande de nuestras vidas. Ahí nos volvió a demostrar lo fuerte y autónoma que es. Y su hermano la cuidó como su gran protector que es.
Y qué decir de la pareja guerrero-princesa. Siempre juntos, siempre apoyándose. Si la princesa lo pasa mal los primeros días en la escuela infantil, ahí está su hermano para consolarla y darle un abrazo. Si la princesa quiere una galleta, no te olvides de darle dos, porque una es para su hermano. Siempre acordándose el uno del otro. Aburridos si les falta su otra mitad. Apoyándose en las clases de natación que imparten juntos. Si uno no se atreve a hacer algo, tiene el apoyo incondicional del otro y consigue hacerlo. Defendiéndose en el parque si uno tiene algún problema. También se pelean, claro está pero da gusto verles divertirse juntos.
En unas semanas es su cumpleaños y lo celebraremos como dice el pequeño guerrero, con toda la familia, pero esto os lo contaré en otra entrada. Hasta entonces, gracias por seguir ahí.


miércoles, 26 de diciembre de 2018

13 de agosto de 2016. Bienvenida al mundo Princesa!!!


Suena el despertador. Son las 7 de la mañana. A las 8:30h tenemos que estar en el hospital. Yo llevo dando vueltas desde las 5, sin poder dormir, con contracciones fuertes cada 10 minutos. El pequeño guerrero sigue durmiendo así que nos despedimos de él y dejamos a los abuelos en casa.
En el camino íbamos nerviosos pero mucho mejor que en el primer parto. Era programado, el nene estaba en buenas manos, yo no me había pinchado la heparina para poder ponerme la epidural cuando quisiera y sin riesgos añadidos y además ya tenía contracciones constantes así que parecía que avanzaba favorablemente.
Llegamos al hospital, nos cogen los datos, me exploran y me monitorizan. Parece que el parto ha comenzado, las contracciones siguen su curso así que directamente a paritorio.
Enseguida pregunté cuando podía ponerme la epidural. Había dilatado 4 cm y tenía contracciones seguidas aunque soportables. Me dijeron que cuando yo quisiera así que desde ese mismo momento la solicité. Ya había experimentado con el parto del pequeño guerrero lo que era aguantar las contracciones sin epidural y tenía claro que no quería volver a pasar por ello sin necesidad.
Me pusieron la epidural, poco a poco y mi cuerpo reaccionó con un desmayo y vómitos que hicieron tener que cambiarme las sábanas, el camisón incluso el uniforme de algunos de los enfermeros que había en la sala en ese momento, pero pasado el susto y una vez la situación estaba controlada, ya con la epidural todo fue más relajado. Como el parto anterior fue muy largo y duro, éste nos estaba pareciendo un paseo. Pronto se hicieron las 17:30h. Vino el matrón, un chico muy amable que me trató fenomenal durante todo el proceso. Me pidió que empujara y rápidamente me dijo que dejara de empujar, que la nena ya estaba aquí y tenían que avisar a neonatos primero.
Cuando ya estaba en el paritorio todo el personal necesario para asistir el parto, empujé una sola vez y sin más, la pequeña princesita fue impulsándose con sus piececitos y saliendo sola. Papi guerrero y yo disfrutamos al máximo el parto que no pudimos disfrutar con el pequeño guerrero. Todo estaba saliendo bien, yo no tenía dolores. El susto del desmayo al poner la epidural ya había pasado y la nena estaba avanzando sola en su camino. Pasaba por allí una matrona que fue a hacer una consulta y su comentario fue:  ”Qué parto tan bonito,¿ te importa que me quede a verlo??” Y sin hacer ningún esfuerzo y sin ayuda de nadie, la pequeña princesita, como una culebrilla llegó a este mundo para hacernos más felices si cabe, con sus 4.165g y sus 52cm. Ahí nos dejó claro lo que meses después hemos ido descubriendo. Su predisposición ante la vida. Su  “ no, yo sola, no, yo, yo, yo…. “
Empezaba una nueva aventura para nosotros, con dos bebés en casa, pero esto lo contaré en la siguiente entrada.

Falta sólo un día para el parto de mi princesa



Día 12 de agosto de 2016. Ya queda menos para tener con nosotros a nuestra princesa. Acudimos a monitores y a consulta. Me acompañan mis padres y el pequeño guerrero que está hecho un terremoto. Corre por los pasillos con el abuelo mientras mi madre me acompaña con la gine.

Después de los monitores en los que parece que la nena está muy tranquila en el nido, pasamos a consulta y me confirman que el sábado 13 me programan el parto inducido, para evitar riesgos. La nena parece que pesa más de 4kg, yo sigo pinchándome la heparina y quieren tenerlo controlado. En la exploración me hace una maniobra, explicándome que eso ayudará a que la inducción no sea tan larga.

Nos vamos a casa. Ya solo nos queda esperar a que lleguen las 8 de la mañana del día siguiente si es que no me pongo de parto antes después de lo que me han hecho en la consulta de hoy. Pasé la tarde con contracciones muy leves, como el resto del mes, un poco revuelta pero nada nuevo a estas alturas.

El tenerlo programado nos permite organizarnos con el pequeño guerrero. Vendrían mis suegros a casa y se quedarían con él hasta que saliéramos del hospital, así mis padres podrían estar conmigo en el hospital todo el tiempo que necesitara.

Esa noche me fui a la cama nerviosa, con ganas pero con incertidumbre. No dormí mucho, dando vueltas intentando estar cómoda pero creo que con un bebé de más de 4 kg a punto de nacer no es fácil conciliar el sueño. La nena estaba inquieta, se movía y yo empecé con contracciones fuertes a las 5 de la mañana, así que el parto prometía ser más rápido de lo que se espera con una inducción, pero esto os lo cuento en la siguiente entrada.


domingo, 21 de enero de 2018

¡Primer cumpleaños del pequeño guerrero!


Llegó el día, 11 de agosto de 2016, el primer cumpleaños de nuestro pequeño guerrero luchador. Nos parece mentira estar en nuestra situación, no solo teníamos un bebé sano de un año sino que en dos días le daríamos una hermanita, un regalo de la vida. Yo estaba con muchas ganas de dar a luz y muy ilusionada con el primer cumpleaños del peque. Así que invité a comer a casa a mis padres y a mi hermana, que vino con mis dos sobrinos mayores. Mi otra hermana estaba de vacaciones. Recuerdo que estuvimos por la mañana en la piscina, luego comimos, y por la tarde vinieron mis suegros y mis cuñados, a tomar tarta y soplar las velas con el pequeño guerrero. Faltaba la mitad de la familia, pero aun así, me di una paliza atendiendo a los invitados. Aunque no hicimos gran cosa, yo estaba cansadísima, no podía más. Recuerdo que mi madre me decía que me sentara, que ellos se encargaban de todo, pero yo no quería, prefería forzar y ponerme de parto lo antes posible, estaba deseando dejar atrás ese peso tan grande. Así que se pasó el cumple del peque, disfrutando todos juntos. Ya empieza a charlar por los codos, no para quieto. Los abuelos le han regalado una motillo, y aunque aún no le llegan los pies, está encantado. El pequeñajo disfruta estando con sus tíos, primos y abuelos. Está feliz y nosotros más por tenerle en casa.
Cuando se fueron los invitados y acostamos al nene en su cuna, yo terminé derrotada. La nena no paraba de moverse y tenía contracciones, pero no eran fuertes. Al día siguiente teníamos que acudir de nuevo a la gine para que nos programara el parto, así que ya quedaba poquito, qué nervios!
Ya no era capaz de descansar por la noche, entre las contracciones, los dolores de espalda y el peso, no sabía cómo ponerme, y aunque dicen que es peor cuando nace el bebé y duermes menos, yo prefería tener a la nena cuanto antes.
Llegó el día 12 y como cada día de consulta acudí con mis padres y el pequeño guerrero al hospital. Me pondrían monitores y luego pasaría a ver a la doctora, pero esto lo contaré en la siguiente entrada.

Mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Últimas semanas de embarazo. La llegada de la princesa está más cerca.

Llegó el verano y el embarazo se hacía cada vez más duro. Nuestro pequeño guerrero aún no había cumplido el año y yo estaba a punto de dar a luz. Cada día más cansada y el guerrero que no para de correr de un lado a otro. Se cae, pero es perseverante y quiere caminar, y caminar,  y seguir caminando. Papiguerrero, afortunadamente, llegaba pronto del trabajo y por las tardes se encargaba del guerrero que solo quería ir de un lado para otro.

En la piscina, en el parque, en casa. Es incansable. El día se acerca. Ya tenemos el dormitorio del guerrero, aunque sigue durmiendo en la cuna. Nos parece aún un bebé. Y no es que lo parezca, es que es un bebé y estamos a punto de recibir otro. No sabemos cómo lo haremos pero no somos los primeros. Saldremos adelante. Estamos encantados con este regalo.  

Ya empezamos a darle vueltas al día del parto. Cómo será, cómo nos organizaremos. Y llegan las últimas semanas de embarazo. Me toca ir a revisión. La fecha prevista de parto es el día antes del cumple del pequeño guerrero, así que aunque sería bonito que coincidiera el día de su cumpleaños, nos daría pena no poder celebrar con nuestro guerrero su primer cumpleaños.

En la semana 33 acudimos de nuevo a nuestro doctor de la clínica privada, que como siempre nos dio tranquilidad. Fue la última visita y nos pidió, como en el anterior embarazo, que cuando naciera la princesa le informáramos de cómo había ido todo. Ya sólo quedaban las últimas revisiones en la Seguridad Social.

Empiezan las citas con monitores. La nena no tiene muchas ganas de salir. Recuerdo que la primera vez que fui a monitores después de un rato el matrón que me atendió me recomendó que fuera a comer algo a la cafetería, porque el bebé estaba demasiado tranquilo. Estaba con mis padres y el pequeño guerrero, así que allí que nos bajamos todos a la cafetería del hospital, desayuné un bollito con un colacao y otra vez para arriba. La segunda vez parece que la princesa se estaba activando, gracias al azúcar que le había dado.

Volví dos días más a monitores antes de dar a luz. En la penúltima revisión antes del parto, la gine me dijo que por mis antecedentes, trombosis y teniendo en cuenta que estaba con heparina, además del tamaño y peso que parecía alcanzar ya la princesita, no podían demorar mucho el parto y era mejor tenerlo controlado. Era el mismo día que salía de cuentas. 10/08/2016, el día antes del cumpleaños del pequeño guerrero. Recuerdo que cuando la gine me insinuó programar el parto, me eché a reir. Se sorprendió y me preguntó si no quería programarlo y le conté mi experiencia en el parto anterior. Ella me explicó que hay situaciones en las que es necesario y más seguro programar el parto y después de todo lo que había pasado, la mía era una de esas situaciones. Así que me exploró, me dijo que aún parecía quedar mucho pero esto podía cambiar de un momento a otro. Aun así, le pregunté si podíamos celebrar tranquilos el primer cumpleaños del pequeño guerrero y me dijo que sí, que todo parecía estar bien. Me dio cita para el día 12, y ese día decidiríamos que hacíamos.


Y llegó el primer cumpleaños del pequeño guerrero, pero esto lo contaré en la próxima entrada. Mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

domingo, 22 de octubre de 2017

Ecografía de las 28 semanas de la princesa.

Pasaban las semanas y a mí cada vez me costaba más el día a día. El pequeño guerrero estaba hecho un terremoto y yo cada día más cansada. Nuestra princesa crecía y crecía y parecía que llevaba buen ritmo.

Llegó la eco de las 28 semanas, en la clínica privada. Íbamos a ver la carita de la nena en la eco 4D. Dejamos al pequeño guerrero con los abuelos y acudimos a la consulta, nerviosos por ver que todo seguía bien.

Como siempre, nuestro doctor fue muy amable con nosotros y nos preguntó por el guerrero, interesándose como estaba. Empezó la eco y como siempre, ese silencio que nos tensionaba, hasta que nos dijo que iba todo bien. Y cuando terminó de ver todos los valores importantes que tenía que comprobar nos puso la 4D para ver un poco a la princesa. Esta nena nos salió tímida y no se dejaba apenas ver la carita, se ponía las manitas delante. Disfrutamos del momento y nos relajamos al ver que todo iba bien.

En esa misma semana tocaba revisión también en la Seguridad Social. Cada día teníamos más cerca el parto y había que prepararlo todo. No queríamos comprar otra cuna y como el pequeño guerrero tenía (y tiene) un buen tamaño, encargamos un dormitorio juvenil, para tener montada la habitación cuando naciera la princesa y en cuanto pudiéramos, pasaríamos al guerrero a la cama.

A mí me encanta la decoración y disfrutaba viendo dormitorios y redecorando la casa para la llegada de nuestra princesa, pero por otro lado, estaba nerviosa. Ya habíamos pasado al guerrero a su dormitorio y estábamos encantados, porque dormía del tirón pero no sabíamos cómo nos organizaríamos cuando tuviéramos en casa a la princesa y las primeras noches en las que el bebé no tiene horario.


Poco a poco todo iba organizándose y papiquerrero y yo estábamos deseando tener a nuestra princesa aunque aún teníamos por delante unas cuantas semanas de embarazo que seguiré contando en la siguiente entrada. 

lunes, 2 de octubre de 2017

Ecografía de las 20 semanas de la princesa.

Llegó el momento de hacer la eco de las 20 semanas, esa eco importante en la que observan que se estén formando bien todos los órganos del bebé. Primero acudimos al hospital público y unos días más tarde a la clínica privada. Los dos nos hicieron firmar un documento en el que se indica que aunque se realice la eco, pueden existir problemas que no se detectan en la pantalla.
Así que aunque te quedas más tranquila haciendo las ecos, es cierto que hasta que no tienes en brazos a tu bebé sanito, no descansas. En el hospital, nos dijo la doctora que se le veían unos quistes en la cabeza, pero que eran muy habituales. Como estaba en la semana 19, decidieron citarme para la 21 y comprobar que habían desaparecido estos quistes. El resto de las comprobaciones fueron muy positivas y nos confirmaron lo que ya sabíamos. Era una nena.
Lo teníamos seguro porque, al igual que con el pequeño guerrero, me hice el análisis de sangre cromosómico en el que te comprueban distintas anomalías genéticas y de paso te confirman el sexo del bebé. Quisimos hacernos esta analítica porque seguía conviviendo con nosotros esa frase que nos dijo la desafortunada doctora de la primera clínica de reproducción asistida a la que acudimos. Esa frase que nos dejó helados, esa que decía que no íbamos a ser padres nunca y si lo éramos, sería con alguna anomalía. Con ganas nos quedamos de ir ahora a ver a esa magnífica doctora y enseñarle lo caprichosa que es la naturaleza y lo estupendos que están mis pequeños.
Pasados unos días, fuimos a ver a nuestro doctor a la clínica de reproducción asistida. Le comenté lo de los quistes y me dijo que lo comprobaría. Allí estaban, pero no le dio importancia. Le comenté que en el hospital me iban a hacer otra eco a la semana siguiente para comprobar que hubieran desaparecido y le pareció muy bien. De todas formas, él lo anotó para comprobarlo en la semana 28.
Recuerdo que nos dijo “vaya dos nenes que tenéis, por una cosa o por otra, no os dejan relajaros en los embarazos, el primero, con la forma del corazón y el segundo, con los quistes”. Pero su actitud nos daba tranquilidad, aunque hasta que no nos dijeron que habían desaparecido, no respiramos tranquilos.
La princesa iba creciendo a buen ritmo y empezaba a despuntar en peso. Todo apuntaba que iba a ser tan grande como el pequeño guerrero, pero eso era lo de menos, siempre que estuviera sana.
Cuando volvimos al hospital a la semana siguiente nos confirmaron que ya no había quistes. Nos explicaron que suelen desaparecer sobre la semana 21 y al hacerme tan pronto la eco por eso aún estaban allí. Así que una preocupación menos. Iban pasando las semanas y se acercaba cada vez más el momento de conocer a nuestra princesa.
Aunque en el hospital me citaban una vez al mes, sería en la semana 28 cuando volviéramos a nuestro doctor en la clínica privada. En cada eco nos ponía el ecógrafo 4D pero en la de la semana 28 era en la que mejor se veía. Aunque esto lo contaré en la siguiente entrada.


Mientras tanto, no dejéis de soñar. Lo importante solo tarda un poquito más en llegar. 

martes, 26 de septiembre de 2017

Anuncio del segundo embarazo y cita con la hematóloga.,

Una vez que confirmamos que todo iba bien, tal y como me había informado la hematóloga antes de dar a luz al pequeño guerrero, llamé a su consulta para comunicarle que estaba embarazada.
Se acordaba de mí perfectamente y lo primero que me dijo fue “Te lo dije, que después de los tratamientos es mucho más fácil”. Así que me dio cita y volvimos a comenzar el proceso de revisiones al considerarlo como embarazo de alto riesgo, por mis antecedentes de trombosis.
Tengo que decir, que aunque normalmente la Seguridad Social recibe muchas críticas, en mis dos embarazos me han tratado muy bien, con excepción del final del embarazo del guerrero cuando no se ponían de acuerdo si programar el parto o no.
Tanto con la hematóloga, como con la endocrino o las distintas gines y matronas que me han tratado, ell seguimiento ha sido muy regular, incluso me daban facilidades, haciendo coincidir las citas de los distintos especialistas el mismo día, para no tener que pasarme toda la semana en el hospital.
Acudí a la cita con la hematóloga y me volvió a abrir expediente, comenzaba de nuevo con heparina, análisis, controles, cita con la endocrino, más analíticas. Empezaba todo de nuevo. Casi no nos había dado tiempo a olvidarnos del primer embarazo y ahí teníamos el segundo. Es como si hubiera tenido un embarazo de elefante, como me decían algunos.
Otra vez tenía que volver a ponerme esas medias de compresión que tanto odiaba. Menos mal, que ya había pasado la revisión y con una eco me habían confirmado que había desaparecido el trombo. Eso era una buena noticia.
Así que vuelta a empezar, el embarazo iba muy bien y mi pequeño guerrero se iba a convertir en hermano mayor.
Así que decidimos hacer público el embarazo y se lo contamos a nuestros amigos y compañeros de trabajo. Recibimos comentarios de todo tipo. Desde “No habéis respetado ni la cuarentena” a “te creías que con la lactancia no te quedabas embarazada o qué?”
Podría estar horas y horas hablando de todos los comentarios y frases célebres que hemos tenido que escuchar, de gente conocida y desconocida. Sí, opinar es gratuito y en general, el ser humano es de opinar, aunque no te lo pidan. Y yo lo único que decía siempre era “ha sido un embarazo buscado y muy querido”. Y aunque creo que muchos de los que opinaban y siguen opinando al respecto no se lo creen, yo me quedo a gusto y no tengo por qué dar más explicaciones sobre el tema.
De todos modos, también recibimos felicitaciones por parte de nuestros amigos, aquellos que conocían nuestra historia e incluso alguna lagrimilla hicimos saltar. Y es que los que conocen por todo lo que hemos tenido que pasar y han vivido nuestros malos y peores momentos, se alegraron casi como nosotros al conocer la llegada de nuestra princesa.
Recuerdo que hice un montaje con una foto del pequeño guerrero sonriendo y el texto decía “Me han ascendido a hermano mayor!!”. Se nos ocurrió mandarlo a los grupos de wassap de amigos y enseguida empezamos a recibir llamadas. No se lo creían y todos nos felicitaron por nuestro embarazo.

Así continuamos haciendo el seguimiento del embarazo y seguimos recibiendo comentarios unos mejores que otros, pero seguiré contando en otra entrada. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Primera Ecografía de nuestra Princesa.

Después de obtener el positivo en casa, empecé a buscar un gine para que me hiciera una eco lo antes posible para confirmar que todo iba bien y saber de cuantas semanas estaba. El miércoles siguiente a hacerme la prueba en casa, papiguerrero y yo acudimos a nuestra cita con el gine. Le comentamos nuestro historial. Recuerdo que fuimos a la consulta con el pequeño guerrero, que tenía 5 meses recién cumplidos y la doctora nos comentó que era muy habitual. Me hizo una eco y nos confirmó que todo estaba bien y por las medidas del embrión y su desarrollo, estaba de unas 11 semanas de gestación. Nos habíamos pasado el primer trimestre sin darnos cuenta, y como decía papiguerrero, “pero si no te he cuidado nada!!”.
Así que, salimos de la consulta contentísimos, con la fecha prevista de parto calculada por la doctora, 10 de agosto de 2016. Madre mía! 12 meses se llevarían nuestros nenes. Estábamos encantados. Y qué saltos daba la princesa en la ecografía. Ya empezábamos a creérnoslo y ya la queríamos más que a nuestra vida.
Llamé a la clínica privada donde concebimos al guerrero y concerté cita con nuestro maravilloso doctor, para que nos hiciera el seguimiento del embarazo, nos haría las cuatro ecos más importantes, como hicimos con el pequeño. Así nos quedaríamos más tranquilos.
Recuerdo que papiguerrero se cogió el día de vacaciones. Fuimos por la mañana a la eco y luego a celebrarlo. Cuando llegamos a la clínica, el doctor se acordaba perfectamente de nosotros, y es que sólo habían pasado 6 meses desde la última vez que nos vimos. Primero nos dio la enhorabuena y luego nos comentó que era muy habitual, incluso tenía pacientes que habían tenido los dos primeros hijos mediante fecundación In Vitro y después habían conseguido embarazo gemelar de forma natural.
Así que, estábamos muy contentos. Nos volvió a explicar todo lo que iba a observar en la eco y después pasamos a la camilla. Como siempre, primero lo miraría él y luego nos contaría lo que había visto.
Empezaba la tensión, esa tensión nerviosa por querer saber lo antes posible que nuestro bebé estaba bien.  Llegado el momento, nos dice, ¿Teníais un niño, verdad? Le dijimos que sí, y nos preguntó si queríamos saber el sexo del bebé. Con esta pregunta se nos pasó por la cabeza que todo estaba bien. Así que nos lo dijo: “Es una pitufa!” Qué bien! Yo sabía que papiguerrero quería tener una princesa. A mí me daba igual. Siempre tuve preferencias con los niños, porque yo no tengo hermanos, solo hermanas y papiguerrero, al contrario. Por un lado, quería que fuera otro niño ya que al llevarse tan poquito tiempo con el pequeño guerrero, sería bueno para ellos, pero pensándolo bien, podía tener la misma relación con su hermana aunque fueran de distinto sexo. Así que, estábamos encantados. En el fondo, esto era lo de menos. Estábamos felices. Después de todo lo que habíamos pasado, de todas las pruebas y negativos, de todos los diagnósticos desfavorables, estábamos formando una bonita familia. No podíamos pedir más.
Salimos de allí, y como hacíamos en cada eco del pequeño guerrero, llamamos a nuestras madres y les informamos de que todo estaba bien y que era NIÑA!! Ya teníamos su nombre. Nos gustaba, ya lo teníamos pensado en el primer embarazo, y casualmente su significado es “Regalo de Dios”. El destino decidió que nuestros hijos tuvieran un nombre que define perfectamente su historia. “El deseado” nuestro guerrero y “regalo de Dios” nuestra princesa.
Toda la familia estaba emocionada con la llegada de la princesa, pero seguro que hubo una persona que se alegró un poquito más. Nuestra sobrina. Quería una nena ya que en mi familia era ella la única nieta y había tres nietos varones. Cuando se enteró del embarazo me decía, con sus 10 años “ por favor, que sea niña!!!”. Así que se puso muy contenta.
Y así dimos la noticia al resto del mundo, estando de 13 semanas, según salimos de la Clínica, pero esto lo contaré en la siguiente entrada, porque tuvimos comentarios de todo tipo.

Mientras tanto, gracias por seguir ahí y no dejéis de soñar. 

martes, 29 de agosto de 2017

Embarazo después de In Vitro

Pasaron los meses y poco a poco nos íbamos organizando en casa. El pequeño guerrero es eso, un guerrero. Las primeras semanas fueron muy duras. Tenía reflujo y no era capaz de estar tumbado, así que se pasaba el día y la noche en brazos o en la mochila. Bendita mochila. Desde el minuto uno, nuestro guerrero ha sido muy demandante, pero por otro lado, nos encantaba tenerle encima todo el día. Había llegado el momento y por qué no lo íbamos a disfrutar. Qué paz transmitía cuando se quedaba dormido en nuestro pecho. A papiguerrero se le daba mejor que a mí, no sabemos por qué pero el guerrero se acomodaba mejor y se quedaba frito al instante. Siempre han tenido una relación especial.
Cuando recibimos la noticia del embarazo de nuestro guerrero, tanto la ginecóloga como la hematóloga nos dijeron que si no queríamos otro embarazo tuviéramos cuidado, porque era muy fácil conseguirlo después de tantos tratamientos. Así que llegado el momento, lo hablamos y decidimos probar suerte, aun sabiendo que aunque yo tenía más probabilidades, papiguerrero también tenía problemas y él no tenía la carga hormonal que tenía yo.
Pensamos que era muy difícil y siempre bromeábamos con lo guay que sería un embarazo espontáneo, sin esperar mes a mes, sin desearlo durante más de dos años, sin llantos ni pinchazos, de esos que dicen que pasan después de los tratamientos de fertilidad. Sabíamos que era muy pronto y que si teníamos suerte, los bebés iban a ser muy seguidos, pero como decía papiguerrero, si ya nos habíamos hecho a la idea de tener mellizos, nos daba igual. Siempre pensando que teníamos pocas posibilidades.
Llegó Navidad y a mí algo me decía que estaba embarazada, pero nos parecía tan difícil, no nos iba a tocar a nosotros. Después de las fiestas, el 13 de enero, viernes,  decidí hacerme una prueba de embarazo, antes de pedir cita con el gine y resultó ser positiva. Madre mía! Menudo lío! Nuestro guerrero tenía tan solo cinco meses y yo podía estar ya de hasta 13 semanas. Papiguerrero se quedó en shock, como ya os conté en otra entrada, y yo no pude parar de llorar en todo el fin de semana. Lloraba de emoción, lloraba por todo lo que habíamos pasado, lloraba porque yo siempre había querido tener dos hijos seguidos, que tuvieran poca diferencia de edad. Lloraba porque me parecía increíble lo que estábamos viviendo y lloraba porque no quería tener la sensación de querer menos a nuestro segundo hijo por el mero hecho de no haber luchado tanto para conseguir el embarazo. Por supuesto, esta sensación se esfumó en cuanto vimos a nuestra princesa en la primera ecografía.
Aguantamos el fin de semana sin decírselo a nadie. También lloraba por eso. Yo estaba deseando contárselo a mis padres pero papiguerrero tenía miedo, después de tanto sufrimiento, que algo no fuera bien y prefería ir primero a hacer una eco y confirmar que todo estuviera bien. No se fiaba de la prueba de embarazo. Así que le expliqué que era un superpositivo, que la rayita del SÍ se había marcado incluso más fuerte que la de control.
Recuerdo que hablé con él el lunes por la mañana. Yo estaba en casa con nuestro guerrero y él estaba en el trabajo. Le dije que no aguantaba más, que tenía que contárselo a la familia y me entendió perfectamente, de hecho él también estaba deseando contarlo. Teníamos cita para comprobar el embarazo el miércoles pero ya no aguantamos más, así que llamé a mi madre y recuerdo que le dije, mami,¿estás sentada? Ella se asustó un poco y me dijo sorprendida ¿Qué pasa??? Pues que vas a ser abuela otra vez. Mi padre pasaba por allí en ese momento. El pobre resoplaba cuando preguntó a mi madre qué pasaba al ver su cara de asombro. Estaban nerviosos, no entendían nada. No se explicaban como podían pasar estas cosas con nuestros diagnósticos. Las cosas de la ciencia y la naturaleza se nos escapan de las manos. Así que les expliqué un poco lo que nos dijeron en su momento y aunque todo esto no lo entienden muy bien, su empeño ponen en entender la situación.
Papiguerrero también se lo contó a sus padres, que se quedaron helados, tampoco entendían nada.

Llegó el miércoles y fuimos al gine privado más cercano, para comprobar que todo estaba bien y empezar con los trámites del control del embarazo una vez que nos confirmaran de cuantas semanas estaba. Ya habíamos ido el lunes anterior al médico de cabecera para que nos mandara todos los análisis, pero esto os lo contaré en la siguiente entrada. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Día del parto: 11 de Agosto de 2015. Bienvenido pequeño Guerrero!


Como ya he comentado, el lunes 10 de agosto por la noche, después de un largo paseo, llegamos a casa y cuando salí de la ducha, sobre las 22:15h rompí la bolsa, así que nos fuimos directos al hospital. Cuando llegamos allí, dimos los datos y nos mandaron a la sala de espera. Recuerdo que papiguerrero estaba tan nervioso que no entendía por qué nos hacían esperar, si ni siquiera me habían preguntado si el líquido era limpio o no. Entonces me llamaron, me tomaron más datos, me midieron la tensión y nos llevaron a la zona de maternidad, donde me exploraron y me monitorizaron durante una hora. Como aún no tenía contracciones, me subieron a una habitación, para que pasara la noche tranquila, y esperáramos a que las contracciones comenzaran de forma natural. Pedí unas medias de compresión, necesarias por mi antecedente de trombosis, y tras enseñarle yo a la enfermera cómo poner las medias, nos avisó que la llamáramos si tenía contracciones cada 2 minutos.
Como buenos primerizos, pusimos el cronómetro en el móvil, para tenerlo todo controlado. Sobre las 23h empezaron las contracciones y a las 23:30h ya tenía contracciones cada minuto y medio. Llamamos a nuestra enfermera para avisarla y vino diciendo que era imposible que tuviera contracciones fuertes tan seguidas, que hacía menos de media hora que había subido de monitores y no tenía tantas. Le explicamos que lo estábamos mirando con el móvil y no se lo creyó, así que se quedó con nosotros hasta la siguiente contracción. Contó los segundos de cabeza y antes de que pasara un minuto nos dice “Ves, ya han pasado dos minutos y no has tenido ninguna contracción, así que aguanta un poco más y sigue contando” y allí nos dejó, con cara de tontos y yo sufriendo las contracciones, que cada vez eran más dolorosas y seguidas.
Yo me había puesto la heparina esa misma mañana, como cada día, a las 6:30h, así que no podía pedir la epidural hasta las 6:30h del día siguiente.
El dolor comenzaba a ser insoportable. Papiguerrero sufría al verme, midiendo el tiempo de las contracciones con su móvil en la mano, y ninguno de los dos entendíamos por qué no me volvían a bajar a monitores para controlarme. Intentaba superar el dolor dándome paseos por la habitación, de un lado para otro, de pie, sentada, apoyada en la cama, hasta que sobre la 1:00H entra de nuevo la enfermera para preguntar cómo estaba. Ya llevaba un rato con contracciones cada menos de 1 minuto y cuando entró la enfermera me vio apoyada a los pies de la cama, rota de dolor, con las piernas temblando, y por fin se dio cuenta de la situación, así que sin preguntar más nos dijo, voy a avisar a paritorio.
Me llevaron en una silla hasta el paritorio asignado y allí empezó el protocolo. Pregunté por la epidural y me dijeron que a las 6:30h vendrían a hacerme una analítica de coagulación para asegurarse que podía ponerme la epidural, y que no la pidiera antes porque no me la iban a poner de ninguna manera, ya que era un riesgo para mí.
Así que estuve sufriendo toda la noche contracciones cada 45 segundos aproximadamente, sin epidural, y parecía que iba para largo puesto que la dilatación estaba siendo muy lenta. A las 5:30h de la mañana empecé a recordar que tenían que venir a hacerme la analítica, para que no pasara ni un minuto más del tiempo previsto. Ya no podía más, pero había que aguantar, por la salud de los dos.
A las 6:30h vinieron a hacerme la analítica y aunque lo pregunté, no me quisieron decir el tiempo que tardaban los resultados. El chico que me lo hizo me dijo que me hiciera a la idea de que tardaban una hora, aunque podría estar antes. Así que, desde las 7h, estuve obligando a papiguerrero a salir al mostrador a preguntar qué pasaba con los resultados y que fueran avisando al anestesista.  Salió dos veces, aunque ya sabía la respuesta, pero yo no podía más y le insistía en que les recordara que estábamos esperando la epidural.
Sobre las 7:30h me preguntaron que si quería ponerme la epidural. Pues claro! Desde hace 7 horas!!!! , pensé yo, así que empezaron a prepararlo todo. Yo pensé que se tardaba  poco en ponerla pero los preparativos se me hicieron eternos. A las 8h ya empecé a notar los efectos de la bendita epidural, así que conseguí quedarme dormida. Después de tantas horas estaba rota y aún quedaban unos 6cm de dilatación.
Así que, ya con la epidural, pasaron las horas. Se nos hizo eterno. Papiguerrero no podía dormir de los nervios y yo me echaba algún que otro sueñecito, hasta que empezó a fallar el goteo de la epidural. Pitaba, daba fallo y sobre las 15h avisamos para que vinieran a ver qué pasaba, porque empezaba a sentir con fuerza de nuevo las contracciones. Me dijeron que me moviera, pero que no me ponían más porque si no, no lo iba a sentir y me quedaba muy poco. La matrona en un principio no quería ponerme más epidural, pero al final accedió, al ver mi cara de dolor con la siguiente contracción. Me dijo, antes de las 17h sí o sí, tiene que nacer tu bebé. Este comentario nos dio fuerzas. Ya quedaba poco. 
Eran ya las 16h y había alcanzado los 10cm de dilatación, pero el bebé estaba muy arriba y tenía que bajar más para empezar a empujar. Me colocaron la cama más vertical, para que la gravedad le ayudara a colocarse y sobre las 17h vinieron a verme de nuevo. La matrona, que estaba un poco enfadada, porque todos sus compañeros se habían ido a comer juntos y la habían dejado sola, con los paritorios al completo, no fue muy amable con nosotros. Me dijo que empujara y yo lo hice lo mejor que sabía (un año después, en el parto de nuestra princesa, pudimos confirmar que no estaba empujando mal). Me dijo que no lo estaba haciendo bien y que así no iba a nacer el niño nunca. Yo no tenía fuerzas.  Llevábamos allí desde las 23h del día anterior y eran casi las 18h. Por más que lo intentaba, no bajaba, así que después de varios intentos, incluso con ayuda, tuvieron que avisar a la ginecóloga.
De repente se llenó el paritorio de personal sanitario, no paraba de entrar gente y sus caras parecían serias. En seguida nos dimos cuenta que algo no iba del todo bien.  Me vio la gine, nos miró y nos dijo “Tengo que usar fórceps”, hay que sacarlo ya y solo no puede.  Yo no pude contener mis lágrimas, y solo se me ocurrió decirle, “Vale, pero por favor, hazlo lo mejor que sepas”.
Papiguerrero estaba desencajado y aún así intentó animarme. Me decía que no llorara y la anestesista, muy amable y cercana le dijo, déjala, es su parto, que lo viva como quiera, y tú no te retires, quédate aquí con ella para acompañarla. Papiguerrero decía que no quería molestar pero la anestesista le dijo que se quedara allí, que él era el padre y era muy importante su presencia. Yo lo agradecí. Después de todo lo que habíamos pasado, quería que papiguerrero estuviera a mi lado en ese momento.
Me avisaron que me iban a poner más epidural porque lo que me iban a hacer era complicado y lo necesitaría. Yo no podía parar de llorar. Y cuando estuvo todo preparado, sacaron al pequeño guerrero. Luchador hasta el final. Me lo dieron, pero a mitad de camino, se lo tuve que devolver a la gine, porque el cordón umbilical era muy corto y no llegaba. Ese era el motivo por el que nuestro guerrero no era capaz de salir solo. Tenía el cordón muy corto y no le permitía girarse para colocarse en la posición adecuada para salir. Por eso no bajaba, no porque yo no estuviera empujando bien, como me dijo la matrona.
Por fin, oímos un llanto intenso, tan intenso como el que tiene ahora nuestro pequeño guerrero. Les pregunté que si estaba bien. Le miraron la cabecita, por si los fórceps le pudieran haber dañado y me confirmaron que estaba perfecto.
Eran las 18:27h. Mi pequeño guerrero había luchado desde el minuto uno de embarazo hasta su nacimiento. Había nacido en el descuento. Yo le decía a papiguerrero que iba a ser del Atleti, sufridor de principio a fin y ganando en el descuento. Su peso fue de 3.780g y midió 52.5cm. Estaba hecho un torete.
Una vez que tuve a mi guerrero en brazos, empecé a notar que las voces se alejaban y sin poder casi articular palabra le dije a papiguerrero que cogiera al niño que me estaba mareando y tenía ganas de vomitar. Casi no le dio tiempo. En cuanto solté al bebé, vomité y perdí el conocimiento. Yo creo que toda la tensión del parto, de repente salió a la luz. Por suerte, me recuperé enseguida.
Tengo que decir que éramos muy felices pero nuestra experiencia fue muy traumática, tanto que papiguerrero estuvo en shock hasta el día siguiente que se fue a casa a duchar y relajarse él solo y yo no pude parar de llorar hasta horas más tarde.
Afortunadamente, todo salió bien y nos dejaron disfrutar de nuestro bebé en el paritorio durante 2h antes de subir a la habitación, aunque la primera hora fue un poco movida, ya que estuvieron cosiéndome y recuperándome después de mi mareo.

Pasadas las dos horas, nos subieron a la habitación, donde estaba la familia esperándonos, pero esto os lo cuento en la próxima entrada. 

Camino al hospital. !0 de Agosto de 2017

Llegó el lunes 10 de agosto, ya había pasado un día de la fecha prevista de parto, y en nuestro caso, sabíamos que era una fecha exacta, no orientativa. Es la ventaja que tenemos al ser in vitro. Papiguerrero no se había cogido vacaciones para poder ampliar el permiso de paternidad unas semanas más cuando naciera el pequeño guerrero, así que estaba deseando doblemente que llegara.
En pleno agosto, con altas temperaturas y embarazada de 40 semanas, los días se me hacían cada vez más largos, así que cuando llegó papiguerrero de trabajar le comenté que el paseo de ese día iba a ser largo, necesitaba que el bebé se animara a salir. Así que, como teníamos que hacer unas compras nos fuimos al centro comercial más cercano, aprovechando el aire acondicionado, recuerdo que papiguerrero se cortó el pelo. Decía que quería estar guapo para la llegada de su primogénito. Estuvimos danzando toda la tarde de aquí para allá, y cuando bajó el sol, nos fuimos a pasear. Yo siempre iba equipada con mis zapatillas y mi botella de agua y teníamos que hacer descansos cada poco. Nos sentábamos en un banco un ratito y a seguir caminando. Después de toda la tarde nos dimos un paseo de más de una hora. Mientras, íbamos hablando de lo mal que nos venía ponerme de parto esa noche, porque estábamos muy cansados.
Llegamos a casa, y como hacía mucho calor nos metimos en la ducha. Mientras se duchaba papiguerrero preparé cena. Recuerdo que decidimos tomar un pan tumaca. Sí, podía comer jamón y tenía antojo. Así que me puse a cortar unas rodajas de tomate y poner la mesa. El jamón se lo dejé a papiguerrero para que lo cortase él.
Cuando me tocó mi turno, me metí en la ducha, con agua fresquita para refrescarme un poco. El calor era insoportable y cuando salí de la ducha, mientras me secaba, rompí la bolsa. Qué nervios!!! Avisé a papiguerrero, nos teníamos que ir al hospital.
Papiguerrero se puso nerviosillo, cogimos las cosas, que las teníamos preparadas desde hacía un par de semanas, recogimos la mesa, que ya teníamos preparada para cenar, y aunque quise cenar algo rápido, los nervios no me dejaron, así que partimos hacia el hospital. Por fin había llegado el momento.
El hospital está a 10 minutos en coche desde nuestra casa, asi que el camino no se nos hizo muy largo. Llegamos a urgencias sobre las 22:30h, dimos los datos y a esperar. Enseguida nos llamaron, me tomaron la tensión, me hicieron unas preguntas básicas y nos acompañaron hasta la zona de monitores. Estuve una hora en monitores y no había muchas contracciones aunque empezaban a ser fuertes, y apenas estaba dilatada, pero lo que estaba claro era que de allí nos íbamos con nuestro bebé en brazos, si todo salía bien.
Nos subieron a una habitación, para que estuviera tranquila y llevara mejor las contracciones. Me trajeron unas medias de compresión. Recuerdo que la enfermera que nos atendió no sabía ponérmelas y le pedí que me dejara ponérmelas yo sola. No tardé nada, estaba acostumbrada, llevaba todo el embarazo poniéndome las malditas medias. La enfermera alució con mi destreza y me dio las gracias por enseñarle el truco para ponerlas más fácil, que no era otro que empezar con ellas del revés, e irles dando la vuelta mientras subían.

Empezaron las contracciones fuertes y aquí nuestra odisea para conocer a nuestro guerrero luchador, pero continuaré contando el parto en la siguiente entrada. 

domingo, 23 de julio de 2017

Recta final del embarazo

Llegaban las últimas semanas de embarazo, se acercaba el momento de conocer a nuestro guerrero luchador. Ese guerrero que había luchado desde el primer minuto por conocer este mundo loco donde vivimos. Se había empeñado en quedarse y conocer a su papiguerrero y a su mamá. Quedaban pocas semanas para poder tenerle en brazos y ver la recompensa de toda nuestra lucha. Nos habían estado diciendo durante todo el embarazo que si el bebé tenía el peso adecuado, cuando llegara a la semana 37 me programarían el parto, para poder ponerme la epidural. Nos habían explicado que tenían que pasar 24h desde el último pinchazo de heparina y la epidural, porque si no, puede producirse un hematoma y tener graves consecuencias para mí, asi que programarían el parto, para no pincharme la heparina ese día, y para que no tuviera más riesgo de trombo y estuviera todo controlado. Como ya sabíamos, debería llevar las medias de compresión también en el parto.

Otro riesgo más. Decían que nuestro guerrero seguramente alcanzaría los 4kg de peso y su tamaño era bastante superior a la media, pero en el último momento decidieron que no había necesidad de programar el parto. En la revisión de la semana 37, teniendo en cuenta que en la Seguridad Social cada día me atendía una gine, me confirmaron que no me iban a programar el parto, que si tenía que dar a luz al bebé sin epidural, no pasaba nada, no sería la primera.

La verdad es que por un lado, es mejor que el parto comenzara de forma natural, y si luego podía ponerme la epidural, pues mejor para mí. En mi caso, tenía claro que si podía, la pediría. Pero por otro lado, la incertidumbre de la madre primeriza, de no saber hasta qué punto iba a soportar el dolor de las contracciones y los nervios de que todo saliera bien, me angustiaba bastante y a papiguerrero más todavía.

En  la recta final, me citaban cada semana y a partir de la semana 38 me empezaron a citar en monitores, para controlar si había contracciones y detectar lo antes posible que comenzaba el trabajo de parto, para evitar la heparina. Pero es muy difícil prever el momento exacto en que va a comenzar esta aventura.

Así llegamos a la semana 39 y en la revisión me comentaron que aún no estaba preparada y me volvieron a confirmar que no lo programarían. Pero me recomendaron que si notaba algo raro, fuera a urgencias sin ponerme la heparina ese día y allí me dirían si me podía pinchar o el parto era inminente.

Estábamos nerviosos y esto no ayudaba mucho. Así que, el día antes de la fecha prevista de parto, un sábado por la mañana, después de una noche con pequeñas contracciones acudimos a urgencias para que me confirmaran si podía o no ponerme la heparina. Allí estuve en monitores una hora y me exploraron, afirmándome que aún no estaba de parto. Ya nos lo imaginábamos pero queríamos tener todo más controlado de lo que era posible.

Esa tarde fuimos al retiro, a pasear y pasear para que nuestro pequeño guerrero se  animara a salir. Acabamos cenando en un tailandés y otro paseo hasta el coche. Aún recuerdo lo cansada que llegué esa noche a casa. Aún así, nuestro guerrero pasó un par de días más calentito sin querer salir.


En la próxima entrada os contaré como fue el momento de conocer al pequeño guerrero, pero mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

domingo, 9 de julio de 2017

Eco de la semana 28.

Pasaron las semanas. Hasta la eco en la clínica privada en la semana 28 nos hicimos controles y ecos en la Seguridad Social, tal y como establecían los médicos, al ser embarazo de riesgo. Y así, llegó el día de la visita a nuestro encantador doctor. Íbamos un poco preocupados, expectantes por ver qué nos decía sobre el corazón de nuestro pequeño guerrero, ese corazón que sonaba como caballos al galope, ese corazón, que ya tan pequeñito nos estaba avisando de que era un corazón especial, un guerrero especial.

Como en cada eco, el doctor nos indicó que primero lo revisaría todo y luego nos lo enseñaba y nos contaba. Esos minutos que en cada eco nos parecían una eternidad, en este caso, fue una eternidad al cuadrado. Tras revisar todo, nos informa que el corazón del bebé funciona correctamente, pero efectivamente, está girado, y la punta del corazón, en vez de apuntar hacia la izquierda, apunta al centro, y tiene una forma más redondeada de lo habitual.

Nos aclaró que si bien cuando existe una patología cardiaca es muy probable que sea consecuencia de otro tipo de patologías o incluso daños cerebrales, en este caso, todo está correcto, y lo único que  encuentra es la peculiaridad de la forma del corazón. No obstante, nos recomienda visitar a un cardiólogo infantil, especialista con el que él se formó en detectar este tipo de patologías y así quedarnos tranquilos. Nos apuntó que él si fuera su hijo, lo llevaría a este especialista para que lo valorara y que lo hiciéramos lo antes posible.

 Imaginad cómo se nos quedó el cuerpo. Qué llorera…. Estuvimos removiendo mar, tierra y aire, durante una semana, para conseguir una cita lo antes posible con el cardiólogo. De repente toda nuestra ilusión se desmoronaba y los fantasmas de las patologías seguían en nuestra casa, se habían empeñado en quedarse y no querían moverse de allí.

Conseguimos cita pasados unos diez días. Llegamos a la consulta, y esperamos en una sala de espera repleta de padres con sus niños, con un nudo en la garganta, a que nos llegara nuestro turno. Nos llaman. Ha llegado el momento de salir de dudas. Amablemente, nuestro doctor nos preguntó cómo habíamos llegado hasta allí. Le mencionamos que nos enviaba el doctor de la clínica de fertilidad y su comentario fue,” lo que diga él, está bien dicho, es un buen especialista”. Le contamos la historia y me pasa a hacerme una eco para comprobar. Lo de siempre, mira y mira, sin decir nada. Pasan los minutos, y lo único que se escucha es el corazón de nuestro pequeño guerrero. Para romper el silencio le pregunto “¿Esto puede ser hereditario? ¿Puede que lo tengamos alguno de nosotros y no lo sepamos?”, me mira, y me pregunta, “¿Hereditario el qué?”, me quedo pensando y le contesto “¿Lo que tiene el bebé?”, y tranquilamente me responde “Si el bebé no tiene nada, está perfecto. Hay personas más altas, personas más bajas, personas más gordas, más flacas, gente con ojos azules, o con ojos oscuros. No todos tenemos el corazón de la misma forma. Incluso hay quien lo tiene en el lado derecho. No pasa nada”.

Toda nuestra tensión cayó de repente. Respiramos de nuevo. Parece que nuestro pequeño guerrero, dentro de la normalidad, se había empeñado en recordarnos que iba a ser un niño muy especial. Por dentro y por fuera. Distinto desde su primer minuto hasta ahora.

Cuando salimos de la consulta, las hormonas hicieron su trabajo y me puse a llorar de nuevo, pero estas lágrimas eran de felicidad, de descanso. Parecía que todo seguía bien. Podíamos continuar disfrutando del embarazo. Ya quedaba menos para conocer a nuestro guerrero luchador.


En la próxima entrada os seguiré contando el seguimiento del embarazo, mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

jueves, 6 de julio de 2017

Eco de la semana 20.


Como ya he contado en otras ocasiones, acudíamos al hospital público porque se consideró que el embarazo era de riesgo y allí me hacían una eco mensual. Además, nos quedábamos muy tranquilos visitando al experto en la clínica privada donde realizamos el tratamiento de fertilidad.

Llegó el momento de la revisión de las 20 semanas, que como ya es sabido, es una de las ecos más importantes del embarazo, donde se comprueba que los órganos se están formando correctamente, dicho coloquialmente. En el hospital nos dijeron que todo estaba bien, asi que respiramos con más fuerza y ahora tocaba volver a la clínica a ver al pequeño guerrero, que ya se hacía notar con sus patadas.

Como siempre, nuestro doctor fue muy amable con nosotros y se interesó por nuestro bienestar. Primero miraría todo tranquilamente y luego nos explicaría lo que había visto. Se nos hacía eterno cada vez que nos hacían una eco. Lo bueno era que al notar que se mueve, siempre estás más relajada, pero puede haber problemas. Nos seguían persiguiendo los fantasmas de la patología. Llegó el momento de escuchar a esos caballos trotando que simulaba el corazón de nuestro guerrero. Qué alivio, y nos explicó con paciencia cada una de las comprobaciones que el doctor había realizado. Ya estábamos tranquilos y nos comenta que ha comprobado el corazón y funciona correctamente, pero su posición y forma es peculiar. ¿Eso que significa? ¿Está bien? Nos tranquilizó y nos recomendó esperar a la semana 28 donde confirmaría que todo estaba bien.

Así que, aquí comenzaba nuestra nueva preocupación. Nos comentó que una patología de corazón podía implicar otro tipo de patologías, pero él no lo encontraba. Conclusión, había que esperar.

Intentamos mantener la calma, pero tuvimos algún que otro momento de nerviosismo hasta llegar a la semana 28, lo que se nos hizo muy largo. Ya os contaré en la siguiente entrada como fue aquella eco del séptimo mes.


Mientras tanto, no dejéis de soñar. 

domingo, 11 de junio de 2017

Visita al hematólogo y al vascular.


Una vez embarazada, acudí al hematólogo  de nuevo, que me recomendó visitar al vascular, para que me echara un vistazo antes y después del embarazo, por si aparecían varices o algún problema de circulación, debido a mi peso y altura.
Le comenté mi episodio del posible trombo en un ciclo de estimulación anterior y con más motivo me envió al vascular. Acudí con mis padres, y después de un par de horas en la sala de espera, me tocó pasar. Un doctor muy amable, me hizo unas cuantas preguntas y le conté mis síntomas de aquellos días en los que sentía dolor en la pierna derecha y acudimos a urgencias, donde no me hicieron si quiera una eco doppler para confirmar el trombo. Entonces, el vascular me hizo esta eco en las dos piernas, comprobando minuciosamente el estado del riego sanguíneo y confirmó que aún en la pierna derecha, detrás de la rodilla, existía un cambio en la velocidad de la sangre, observándose una circulación más lenta, confirmando un pequeño trombo interno. Aparentemente no se apreciaba nada, pero ahí estaba, así que había que tratarlo.
Se lo comenté a la doctora de la clínica y a la inmunóloga y me recomendaron pincharme heparina todos los días.
El ginecólogo de la Seguridad Social, después de ver el informe del vascular me envió a la hematóloga, quien decidió que era un embarazo de riesgo y debería de continuar de baja hasta dar a luz. Asi que, una vez que me dieron el alta al desaparecer el hematoma, la hematóloga me dio la baja por el trombo, debiendo llevar un embarazo tranquilo. Me recetó unas medias de compresión que debía llevar hasta el final del embarazo, incluso para dar a luz, que me explicó que era un momento de riesgo en caso de trombos.
La hematóloga me estuvo explicando que lo más probable es que las estimulaciones ováricas continuas fueran la causa que produjeron el trombo y que era muy peligroso, porque de un segundo a otro, el trombo puede subir al pulmón o al cerebro y ser incluso mortal. Me dijo que había tenido mucha suerte y que aunque parecía aparentemente que no era nada, había que tratarlo de inmediato y no entendía como había estado tantos meses con el trombo.  
Entonces empezamos a tratarlo y a controlar todos los puntos débiles que podían afectar al seguimiento del embarazo, que a partir de ese momento lo tratarían como de riesgo, llevando un mayor control desde el hospital.
Seguiré contando en la siguiente entrada la eco de las 20 semanas, que es una de las más importantes, aunque además de la del primer trimestre me hicieron una en el cuarto mes de embarazo, que es cuando comencé a notar que el pequeño guerrero se movía y comenzaba a dar las tan esperadas pataditas.


jueves, 8 de junio de 2017

Eco del primer trimestre.


Tras la revisión en la semana 13 en la clínica privada y comprobar que el hematoma había desaparecido, la doctora nos tranquilizó diciendo que no nos preocupáramos por las anomalías y nos aconsejó, si queríamos quedarnos tranquilos, que visitáramos a otro doctor, de la misma clínica, que estaba especializado en la búsqueda de cualquier tipo de patología y si, después de ver al doctor, queríamos hacernos el análisis cromosómico, pues adelante.
Así que, según salimos de allí, pedimos cita para aquel doctor. Y llegó el día de la cita, y acudimos nerviosos a ver a nuestro pequeño guerrero. Entramos en la consulta y nos recibió el médico, un chico encantador, que nos explicó con todo detalle lo que iba a ver. Nos tranquilizó y nos dijo lo que suelen decir en estos casos:  “ Primero lo veo yo y luego os lo explico”. Así que os podéis imaginar los nervios que pasamos. Menos mal, que en la consulta había música clásica de ambiente y eso ayuda mucho. Empezó a tomar medidas del embrión. Mirando aquí y allí, haciendo doppler para ver cómo funcionaba el cordón umbilical y más cosas que a nosotros se nos escapaban. Y de repente nos pregunta “¿Sabéis el sexo?” A lo que respondimos que no, “ ¿Lo queréis saber?” Nos miramos sonriendo. Si el médico nos hablaba de esto es porque estaba todo bien. Si! Dijimos los dos a la par. “Pues es un pitufo y está todo bien” Nos dijo el médico sosegado. No se nos olvidarán esos momentos en la vida.
Una vez que había comprobado que estaba todo bien, nos puso la eco 4D, y vimos a nuestro guerrero moverse. Nos encantó y parecía que todo seguía bien.
Una vez que terminó la eco, nos enseñó en el ordenador las imágenes y nos fue explicando una a una, cada medida que había tomado y lo que significaba. Incluso llegamos a pensar que nos estaba dando demasiada información, pero aún así, nos tranquilizó muchísimo.
Le preguntamos por el análisis cromosómico y aunque nos dijo que él no lo veía necesario, decidimos hacerlo.
Salimos de la consulta e informamos enseguida a la familia, primero que todo estaba bien y después, que era un NIÑO y ya teníamos su nombre. El significado de su nombre era “el deseado”. Ya empezábamos a creérnoslo un poquito más cada día, pero aún quedaban muchas semanas de espera.
Lo siguiente fue informar en el trabajo, donde yo había contado a los compañeros que estaba de baja por mis problemas de hipotiroidismo. No quería contar nada hasta ver qué pasaba. Únicamente lo sabían dos personas y el responsable de personal, así que aunque muchos se lo imaginaban, confirmé sus suposiciones al contar el motivo de mi baja.

Os  contaré como continuamos con las revisiones, porque fue una vez embarazada cuando me descubrieron la presencia del trombo en mi pierna derecha, pero esto os lo cuento en la siguiente entrada. 

lunes, 5 de junio de 2017

Continuamos la historia del pequeño guerrero

Creo que es momento de retomar la historia de cómo llegamos a conocer a nuestro pequeño guerrero luchador, porque aunque creíamos que al conseguir el embarazo ya estaba todo hecho, no fue un camino fácil.
Como conté en entradas anteriores, en la semana 8 de embarazo me detectaron un hematoma muy grande, más que el saco del embrión. De hecho, el gine, al hacerme la eco pensaba que eran mellizos. Nos dijo que no nos hiciéramos ilusiones, y que, como íbamos ese mismo día a la clínica privada donde hicimos el tratamiento, hiciéramos todo lo que nos mandaran al pie de la letra. Así que salimos de allí hechos polvo, nos fuimos a la clínica y allí lo confirmaron. Tendría que estar en reposo absoluto hasta que se reabsorbiera el hematoma, si es que lo conseguíamos. Me confirmaron que el embrión tenía latido pero había que ser precavidos.
Nos fuimos a casa, y directa a la cama. Quizá apareció un sentimiento de culpa. Puede que hubiese hecho algo que hizo que se produjera el hematoma, pero no era momento para pensar el motivo, sino para mandar todas nuestras fuerzas a ese pequeño guerrero y ayudarle a luchar.
Llegó el día de nochevieja, y despedimos el año desde el sofá, sin mucha fiesta, pidiendo al nuevo año que nuestro guerrero se quedara con nosotros. Podría ser el mejor año de nuestra vida o podría ser otra decepción más.
Tuvimos que ir a revisiones cada semana, con un nudo en la garganta, hasta que confirmábamos que el hematoma estaba remitiendo. Parecía que lo estábamos consiguiendo y así, hasta la semana 13 que confirmamos que todo había pasado y que nuestro pequeño guerrero era fuerte como una roca y se había aferrado a su mamá. (Esto lo hemos comprobado con el tiempo, es un guerrero en toda regla).
Por fin, en la semana 13 pudimos dar la noticia. La familia ya lo sabía, pero había mucha gente que estaba deseando escucharnos dar una noticia tan buena. Una alegría común.
Y comenzamos a hacer las revisiones en la clínica con nuestro ginecólogo experto en patologías. Y nos hicimos también el análisis cromosómico, ya que aún nos perseguía el fantasma de la clínica anterior diciendo que nuestros embriones tenían anomalías y no podrían llegar al final del embarazo, pero esto lo contaré en la siguiente entrada.

Mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

lunes, 15 de mayo de 2017

De vuelta al trabajo

Hoy por fin decido reanudar el blog. Siento no haber escrito en este tiempo pero es que nuestro pequeño guerrero y nuestra princesa no nos dejan parar ni un momento.

Qué os voy a contar, la doble maternidad, con dos pequeños que se llevan 12 meses es una locura, pero una locura maravillosa.

El pequeño guerrero, con 21 meses, está hecho un personaje, muy independiente, charlatán y a veces rabiosillo, pero encantador. Intenso, tanto para lo bueno como para lo malo, no deja indiferente a nadie. La princesa, con sus 9 meses, es todo nervio, aparentemente más tranquila que su hermano, pero con mucho que aprender. Está en ese momento de querer andar y no poder. Y cuando ve a su hermano aparecer, se le ilumina la cara. Yo no he visto amor más puro que el que la princesa tiene por el pequeño guerrero.

Os podría contar mil y una historia de mis dos regalitos, pero no os quiero aburrir. Solo animaos a que sigáis luchando, porque el día que menos lo esperéis, de una forma o de otra, seguramente tendréis recompensa.

De vez en cuando miro hacia atrás, pienso en lo que hemos luchado y aunque no se olvida, el dolor es menor. Luego miro a los nenes y me parece mentira haber conseguido nuestro sueño, así que aunque estemos cansados, aunque no tengamos casi tiempo para nada, estamos felices con esta aventura.

Intentaré poco a poco retomar mi historia, para que la conozcáis y si es posible os ayude en vuestro camino hacia la maternidad.


Así que, ya sabéis, no dejéis de soñar. 

jueves, 28 de abril de 2016

Nuevas Noticias

Ya sé que prometí seguir contando como fue el seguimiento del embarazo antes del nacimiento de nuestro pequeño guerrero luchador, pero la verdad es que hemos tenido unos meses de locos. Ya parece que nos vamos organizando un poco más. Yo acabo de volver al trabajo después de mi baja maternal, lactancia, vacaciones y todos los días que me ha sido posible coger de permiso para poder aprovechar al máximo los primeros meses del pequeño guerrero, que ya ha cumplido los ocho meses, hecho un titán, como dicen sus tíos. No para ni un segundo, solo quiere estar de pie y coger todo lo que esté a su alcance.

Pero hoy, me gustaría contaros algo. Otro de los motivos por los que no he escrito una entrada antes es que hemos estado bastante liados con citas médicas varias, porque el 15 de enero, tras una larga espera y sin pensar que fuera posible, por descartar antes de ir a una revisión médica, me hice una prueba de embarazo en casa que resultó ser positiva. Si, el pequeño guerrero luchador va a tener una hermanita, nuestro milagro de la naturaleza.

La verdad es que decidimos dejar en manos del destino la posibilidad de embarazo natural, pero siempre pensando que era prácticamente imposible que sucediera, porque aunque nos habían avisado tanto ginecólogos, como hematóloga que podía pasar, suponíamos que no era tan fácil, puesto que no solo yo tenía el problema sino que papiguerrero también tenía un difícil diagnóstico y él no había pasado por un embarazo y un parto como yo, lo que, por lógica podría ser lo que cambiara la situación.

Recuerdo las palabras de papiguerrero cuando hablamos de este tema, cuando el pequeño guerrero tenía dos meses. “Es prácticamente imposible, pero si lo consiguiéramos, eso que nos evitamos. Además, nos habíamos hecho a la idea de un posible embarazo gemelar, así que qué más nos da tener dos seguidos”. Y así, nos olvidamos del tema.

Después llegó el mes de noviembre y después de mi primera regla después del parto, en octubre, no había vuelto a aparecer, cosa que a mí no me sorprendió debido a mis antecedentes. Llegamos a diciembre y decidí comenzar con mi ritual para provocarme la regla, con los óvulos de progesterona, como hacía antes del primer embarazo, pero no apareció. Pensé que las hormonas aún estaban un poco revolucionadas, así que volví a tomarme la progesterona para probar si venía. Esperé más de dos semanas tras la segunda tanda de progesterona y aun así, nada de nada. Yo me encontraba algo hinchada, así que decidimos que iba a ir a una revisión ginecológica y así que me vieran como andaba después del parto. Pero pensé que si iba al gine lo primero que me iba a preguntar era que si me había hecho una prueba, así que pasadas las Navidades, decidimos hacer la prueba.

A mí me daba vergüenza ir a la farmacia habitual a comprar dicha prueba, no por qué iban a pensar si estaba embarazada, con un niño de cinco meses, sino porque les parecería tan ridículo como a mí, después de la cantidad de medicación que habíamos comprado allí para conseguir el primer embarazo. Por tanto, fuimos a otra farmacia, lo compré y cuando llegué a casa, aunque era ya por la tarde, me hice la prueba. Total, no hacía falta esperar a primera hora de la mañana, si era un positivo era porque estaba de más de 5 semanas y si era un negativo, iba a serlo igual.

Era viernes por la tarde, papiguerrero se iba al baloncesto y le dije que se esperara y me hacía la prueba antes de que se fuera. Recuerdo que me dijo, temiendo mi reacción “sea lo que sea, no quiero lloros”. La verdad es que como tampoco esperábamos que fuera un positivo ni la búsqueda había sido desesperada como en el caso del pequeño guerrero, no esperábamos nada. Mientras papiguerrero decía su frase, yo le pregunté cómo iba aquello. No recordaba si la primera rayita era la del positivo o la de control, pero ya estaba muy marcada. Miré las instrucciones, y cuando volví a ver la prueba, ahí estaban, las dos rayitas, destacando de un rosa más intenso la del positivo que la de control.

Miré a papiguerrero, miré a nuestro pequeño guerrero luchador, que estaba en brazos de su padre y no pude contener las lágrimas. Nos habíamos metido en un gran follón, en cuanto a trabajo se refiere, pero estábamos felices. Un poco en shock, para que negarlo, no porque no fuera un embarazo deseado, que lo es y mucho, sino porque era inesperado, tan rápido, sin luchar tanto como con el primero.


Después vino el anuncio a las familias, las citas médicas con prisas porque podría estar hasta de 13 semanas y había que hacer los controles del primer trimestre, los nervios,… pero esto os lo cuento en otra entrada. 

Muchas gracias por esperar la nueva entrada y por seguir ahí.