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domingo, 24 de septiembre de 2017

Primera Ecografía de nuestra Princesa.

Después de obtener el positivo en casa, empecé a buscar un gine para que me hiciera una eco lo antes posible para confirmar que todo iba bien y saber de cuantas semanas estaba. El miércoles siguiente a hacerme la prueba en casa, papiguerrero y yo acudimos a nuestra cita con el gine. Le comentamos nuestro historial. Recuerdo que fuimos a la consulta con el pequeño guerrero, que tenía 5 meses recién cumplidos y la doctora nos comentó que era muy habitual. Me hizo una eco y nos confirmó que todo estaba bien y por las medidas del embrión y su desarrollo, estaba de unas 11 semanas de gestación. Nos habíamos pasado el primer trimestre sin darnos cuenta, y como decía papiguerrero, “pero si no te he cuidado nada!!”.
Así que, salimos de la consulta contentísimos, con la fecha prevista de parto calculada por la doctora, 10 de agosto de 2016. Madre mía! 12 meses se llevarían nuestros nenes. Estábamos encantados. Y qué saltos daba la princesa en la ecografía. Ya empezábamos a creérnoslo y ya la queríamos más que a nuestra vida.
Llamé a la clínica privada donde concebimos al guerrero y concerté cita con nuestro maravilloso doctor, para que nos hiciera el seguimiento del embarazo, nos haría las cuatro ecos más importantes, como hicimos con el pequeño. Así nos quedaríamos más tranquilos.
Recuerdo que papiguerrero se cogió el día de vacaciones. Fuimos por la mañana a la eco y luego a celebrarlo. Cuando llegamos a la clínica, el doctor se acordaba perfectamente de nosotros, y es que sólo habían pasado 6 meses desde la última vez que nos vimos. Primero nos dio la enhorabuena y luego nos comentó que era muy habitual, incluso tenía pacientes que habían tenido los dos primeros hijos mediante fecundación In Vitro y después habían conseguido embarazo gemelar de forma natural.
Así que, estábamos muy contentos. Nos volvió a explicar todo lo que iba a observar en la eco y después pasamos a la camilla. Como siempre, primero lo miraría él y luego nos contaría lo que había visto.
Empezaba la tensión, esa tensión nerviosa por querer saber lo antes posible que nuestro bebé estaba bien.  Llegado el momento, nos dice, ¿Teníais un niño, verdad? Le dijimos que sí, y nos preguntó si queríamos saber el sexo del bebé. Con esta pregunta se nos pasó por la cabeza que todo estaba bien. Así que nos lo dijo: “Es una pitufa!” Qué bien! Yo sabía que papiguerrero quería tener una princesa. A mí me daba igual. Siempre tuve preferencias con los niños, porque yo no tengo hermanos, solo hermanas y papiguerrero, al contrario. Por un lado, quería que fuera otro niño ya que al llevarse tan poquito tiempo con el pequeño guerrero, sería bueno para ellos, pero pensándolo bien, podía tener la misma relación con su hermana aunque fueran de distinto sexo. Así que, estábamos encantados. En el fondo, esto era lo de menos. Estábamos felices. Después de todo lo que habíamos pasado, de todas las pruebas y negativos, de todos los diagnósticos desfavorables, estábamos formando una bonita familia. No podíamos pedir más.
Salimos de allí, y como hacíamos en cada eco del pequeño guerrero, llamamos a nuestras madres y les informamos de que todo estaba bien y que era NIÑA!! Ya teníamos su nombre. Nos gustaba, ya lo teníamos pensado en el primer embarazo, y casualmente su significado es “Regalo de Dios”. El destino decidió que nuestros hijos tuvieran un nombre que define perfectamente su historia. “El deseado” nuestro guerrero y “regalo de Dios” nuestra princesa.
Toda la familia estaba emocionada con la llegada de la princesa, pero seguro que hubo una persona que se alegró un poquito más. Nuestra sobrina. Quería una nena ya que en mi familia era ella la única nieta y había tres nietos varones. Cuando se enteró del embarazo me decía, con sus 10 años “ por favor, que sea niña!!!”. Así que se puso muy contenta.
Y así dimos la noticia al resto del mundo, estando de 13 semanas, según salimos de la Clínica, pero esto lo contaré en la siguiente entrada, porque tuvimos comentarios de todo tipo.

Mientras tanto, gracias por seguir ahí y no dejéis de soñar. 

martes, 29 de agosto de 2017

Embarazo después de In Vitro

Pasaron los meses y poco a poco nos íbamos organizando en casa. El pequeño guerrero es eso, un guerrero. Las primeras semanas fueron muy duras. Tenía reflujo y no era capaz de estar tumbado, así que se pasaba el día y la noche en brazos o en la mochila. Bendita mochila. Desde el minuto uno, nuestro guerrero ha sido muy demandante, pero por otro lado, nos encantaba tenerle encima todo el día. Había llegado el momento y por qué no lo íbamos a disfrutar. Qué paz transmitía cuando se quedaba dormido en nuestro pecho. A papiguerrero se le daba mejor que a mí, no sabemos por qué pero el guerrero se acomodaba mejor y se quedaba frito al instante. Siempre han tenido una relación especial.
Cuando recibimos la noticia del embarazo de nuestro guerrero, tanto la ginecóloga como la hematóloga nos dijeron que si no queríamos otro embarazo tuviéramos cuidado, porque era muy fácil conseguirlo después de tantos tratamientos. Así que llegado el momento, lo hablamos y decidimos probar suerte, aun sabiendo que aunque yo tenía más probabilidades, papiguerrero también tenía problemas y él no tenía la carga hormonal que tenía yo.
Pensamos que era muy difícil y siempre bromeábamos con lo guay que sería un embarazo espontáneo, sin esperar mes a mes, sin desearlo durante más de dos años, sin llantos ni pinchazos, de esos que dicen que pasan después de los tratamientos de fertilidad. Sabíamos que era muy pronto y que si teníamos suerte, los bebés iban a ser muy seguidos, pero como decía papiguerrero, si ya nos habíamos hecho a la idea de tener mellizos, nos daba igual. Siempre pensando que teníamos pocas posibilidades.
Llegó Navidad y a mí algo me decía que estaba embarazada, pero nos parecía tan difícil, no nos iba a tocar a nosotros. Después de las fiestas, el 13 de enero, viernes,  decidí hacerme una prueba de embarazo, antes de pedir cita con el gine y resultó ser positiva. Madre mía! Menudo lío! Nuestro guerrero tenía tan solo cinco meses y yo podía estar ya de hasta 13 semanas. Papiguerrero se quedó en shock, como ya os conté en otra entrada, y yo no pude parar de llorar en todo el fin de semana. Lloraba de emoción, lloraba por todo lo que habíamos pasado, lloraba porque yo siempre había querido tener dos hijos seguidos, que tuvieran poca diferencia de edad. Lloraba porque me parecía increíble lo que estábamos viviendo y lloraba porque no quería tener la sensación de querer menos a nuestro segundo hijo por el mero hecho de no haber luchado tanto para conseguir el embarazo. Por supuesto, esta sensación se esfumó en cuanto vimos a nuestra princesa en la primera ecografía.
Aguantamos el fin de semana sin decírselo a nadie. También lloraba por eso. Yo estaba deseando contárselo a mis padres pero papiguerrero tenía miedo, después de tanto sufrimiento, que algo no fuera bien y prefería ir primero a hacer una eco y confirmar que todo estuviera bien. No se fiaba de la prueba de embarazo. Así que le expliqué que era un superpositivo, que la rayita del SÍ se había marcado incluso más fuerte que la de control.
Recuerdo que hablé con él el lunes por la mañana. Yo estaba en casa con nuestro guerrero y él estaba en el trabajo. Le dije que no aguantaba más, que tenía que contárselo a la familia y me entendió perfectamente, de hecho él también estaba deseando contarlo. Teníamos cita para comprobar el embarazo el miércoles pero ya no aguantamos más, así que llamé a mi madre y recuerdo que le dije, mami,¿estás sentada? Ella se asustó un poco y me dijo sorprendida ¿Qué pasa??? Pues que vas a ser abuela otra vez. Mi padre pasaba por allí en ese momento. El pobre resoplaba cuando preguntó a mi madre qué pasaba al ver su cara de asombro. Estaban nerviosos, no entendían nada. No se explicaban como podían pasar estas cosas con nuestros diagnósticos. Las cosas de la ciencia y la naturaleza se nos escapan de las manos. Así que les expliqué un poco lo que nos dijeron en su momento y aunque todo esto no lo entienden muy bien, su empeño ponen en entender la situación.
Papiguerrero también se lo contó a sus padres, que se quedaron helados, tampoco entendían nada.

Llegó el miércoles y fuimos al gine privado más cercano, para comprobar que todo estaba bien y empezar con los trámites del control del embarazo una vez que nos confirmaran de cuantas semanas estaba. Ya habíamos ido el lunes anterior al médico de cabecera para que nos mandara todos los análisis, pero esto os lo contaré en la siguiente entrada. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Día del parto: 11 de Agosto de 2015. Bienvenido pequeño Guerrero!


Como ya he comentado, el lunes 10 de agosto por la noche, después de un largo paseo, llegamos a casa y cuando salí de la ducha, sobre las 22:15h rompí la bolsa, así que nos fuimos directos al hospital. Cuando llegamos allí, dimos los datos y nos mandaron a la sala de espera. Recuerdo que papiguerrero estaba tan nervioso que no entendía por qué nos hacían esperar, si ni siquiera me habían preguntado si el líquido era limpio o no. Entonces me llamaron, me tomaron más datos, me midieron la tensión y nos llevaron a la zona de maternidad, donde me exploraron y me monitorizaron durante una hora. Como aún no tenía contracciones, me subieron a una habitación, para que pasara la noche tranquila, y esperáramos a que las contracciones comenzaran de forma natural. Pedí unas medias de compresión, necesarias por mi antecedente de trombosis, y tras enseñarle yo a la enfermera cómo poner las medias, nos avisó que la llamáramos si tenía contracciones cada 2 minutos.
Como buenos primerizos, pusimos el cronómetro en el móvil, para tenerlo todo controlado. Sobre las 23h empezaron las contracciones y a las 23:30h ya tenía contracciones cada minuto y medio. Llamamos a nuestra enfermera para avisarla y vino diciendo que era imposible que tuviera contracciones fuertes tan seguidas, que hacía menos de media hora que había subido de monitores y no tenía tantas. Le explicamos que lo estábamos mirando con el móvil y no se lo creyó, así que se quedó con nosotros hasta la siguiente contracción. Contó los segundos de cabeza y antes de que pasara un minuto nos dice “Ves, ya han pasado dos minutos y no has tenido ninguna contracción, así que aguanta un poco más y sigue contando” y allí nos dejó, con cara de tontos y yo sufriendo las contracciones, que cada vez eran más dolorosas y seguidas.
Yo me había puesto la heparina esa misma mañana, como cada día, a las 6:30h, así que no podía pedir la epidural hasta las 6:30h del día siguiente.
El dolor comenzaba a ser insoportable. Papiguerrero sufría al verme, midiendo el tiempo de las contracciones con su móvil en la mano, y ninguno de los dos entendíamos por qué no me volvían a bajar a monitores para controlarme. Intentaba superar el dolor dándome paseos por la habitación, de un lado para otro, de pie, sentada, apoyada en la cama, hasta que sobre la 1:00H entra de nuevo la enfermera para preguntar cómo estaba. Ya llevaba un rato con contracciones cada menos de 1 minuto y cuando entró la enfermera me vio apoyada a los pies de la cama, rota de dolor, con las piernas temblando, y por fin se dio cuenta de la situación, así que sin preguntar más nos dijo, voy a avisar a paritorio.
Me llevaron en una silla hasta el paritorio asignado y allí empezó el protocolo. Pregunté por la epidural y me dijeron que a las 6:30h vendrían a hacerme una analítica de coagulación para asegurarse que podía ponerme la epidural, y que no la pidiera antes porque no me la iban a poner de ninguna manera, ya que era un riesgo para mí.
Así que estuve sufriendo toda la noche contracciones cada 45 segundos aproximadamente, sin epidural, y parecía que iba para largo puesto que la dilatación estaba siendo muy lenta. A las 5:30h de la mañana empecé a recordar que tenían que venir a hacerme la analítica, para que no pasara ni un minuto más del tiempo previsto. Ya no podía más, pero había que aguantar, por la salud de los dos.
A las 6:30h vinieron a hacerme la analítica y aunque lo pregunté, no me quisieron decir el tiempo que tardaban los resultados. El chico que me lo hizo me dijo que me hiciera a la idea de que tardaban una hora, aunque podría estar antes. Así que, desde las 7h, estuve obligando a papiguerrero a salir al mostrador a preguntar qué pasaba con los resultados y que fueran avisando al anestesista.  Salió dos veces, aunque ya sabía la respuesta, pero yo no podía más y le insistía en que les recordara que estábamos esperando la epidural.
Sobre las 7:30h me preguntaron que si quería ponerme la epidural. Pues claro! Desde hace 7 horas!!!! , pensé yo, así que empezaron a prepararlo todo. Yo pensé que se tardaba  poco en ponerla pero los preparativos se me hicieron eternos. A las 8h ya empecé a notar los efectos de la bendita epidural, así que conseguí quedarme dormida. Después de tantas horas estaba rota y aún quedaban unos 6cm de dilatación.
Así que, ya con la epidural, pasaron las horas. Se nos hizo eterno. Papiguerrero no podía dormir de los nervios y yo me echaba algún que otro sueñecito, hasta que empezó a fallar el goteo de la epidural. Pitaba, daba fallo y sobre las 15h avisamos para que vinieran a ver qué pasaba, porque empezaba a sentir con fuerza de nuevo las contracciones. Me dijeron que me moviera, pero que no me ponían más porque si no, no lo iba a sentir y me quedaba muy poco. La matrona en un principio no quería ponerme más epidural, pero al final accedió, al ver mi cara de dolor con la siguiente contracción. Me dijo, antes de las 17h sí o sí, tiene que nacer tu bebé. Este comentario nos dio fuerzas. Ya quedaba poco. 
Eran ya las 16h y había alcanzado los 10cm de dilatación, pero el bebé estaba muy arriba y tenía que bajar más para empezar a empujar. Me colocaron la cama más vertical, para que la gravedad le ayudara a colocarse y sobre las 17h vinieron a verme de nuevo. La matrona, que estaba un poco enfadada, porque todos sus compañeros se habían ido a comer juntos y la habían dejado sola, con los paritorios al completo, no fue muy amable con nosotros. Me dijo que empujara y yo lo hice lo mejor que sabía (un año después, en el parto de nuestra princesa, pudimos confirmar que no estaba empujando mal). Me dijo que no lo estaba haciendo bien y que así no iba a nacer el niño nunca. Yo no tenía fuerzas.  Llevábamos allí desde las 23h del día anterior y eran casi las 18h. Por más que lo intentaba, no bajaba, así que después de varios intentos, incluso con ayuda, tuvieron que avisar a la ginecóloga.
De repente se llenó el paritorio de personal sanitario, no paraba de entrar gente y sus caras parecían serias. En seguida nos dimos cuenta que algo no iba del todo bien.  Me vio la gine, nos miró y nos dijo “Tengo que usar fórceps”, hay que sacarlo ya y solo no puede.  Yo no pude contener mis lágrimas, y solo se me ocurrió decirle, “Vale, pero por favor, hazlo lo mejor que sepas”.
Papiguerrero estaba desencajado y aún así intentó animarme. Me decía que no llorara y la anestesista, muy amable y cercana le dijo, déjala, es su parto, que lo viva como quiera, y tú no te retires, quédate aquí con ella para acompañarla. Papiguerrero decía que no quería molestar pero la anestesista le dijo que se quedara allí, que él era el padre y era muy importante su presencia. Yo lo agradecí. Después de todo lo que habíamos pasado, quería que papiguerrero estuviera a mi lado en ese momento.
Me avisaron que me iban a poner más epidural porque lo que me iban a hacer era complicado y lo necesitaría. Yo no podía parar de llorar. Y cuando estuvo todo preparado, sacaron al pequeño guerrero. Luchador hasta el final. Me lo dieron, pero a mitad de camino, se lo tuve que devolver a la gine, porque el cordón umbilical era muy corto y no llegaba. Ese era el motivo por el que nuestro guerrero no era capaz de salir solo. Tenía el cordón muy corto y no le permitía girarse para colocarse en la posición adecuada para salir. Por eso no bajaba, no porque yo no estuviera empujando bien, como me dijo la matrona.
Por fin, oímos un llanto intenso, tan intenso como el que tiene ahora nuestro pequeño guerrero. Les pregunté que si estaba bien. Le miraron la cabecita, por si los fórceps le pudieran haber dañado y me confirmaron que estaba perfecto.
Eran las 18:27h. Mi pequeño guerrero había luchado desde el minuto uno de embarazo hasta su nacimiento. Había nacido en el descuento. Yo le decía a papiguerrero que iba a ser del Atleti, sufridor de principio a fin y ganando en el descuento. Su peso fue de 3.780g y midió 52.5cm. Estaba hecho un torete.
Una vez que tuve a mi guerrero en brazos, empecé a notar que las voces se alejaban y sin poder casi articular palabra le dije a papiguerrero que cogiera al niño que me estaba mareando y tenía ganas de vomitar. Casi no le dio tiempo. En cuanto solté al bebé, vomité y perdí el conocimiento. Yo creo que toda la tensión del parto, de repente salió a la luz. Por suerte, me recuperé enseguida.
Tengo que decir que éramos muy felices pero nuestra experiencia fue muy traumática, tanto que papiguerrero estuvo en shock hasta el día siguiente que se fue a casa a duchar y relajarse él solo y yo no pude parar de llorar hasta horas más tarde.
Afortunadamente, todo salió bien y nos dejaron disfrutar de nuestro bebé en el paritorio durante 2h antes de subir a la habitación, aunque la primera hora fue un poco movida, ya que estuvieron cosiéndome y recuperándome después de mi mareo.

Pasadas las dos horas, nos subieron a la habitación, donde estaba la familia esperándonos, pero esto os lo cuento en la próxima entrada. 

Camino al hospital. !0 de Agosto de 2017

Llegó el lunes 10 de agosto, ya había pasado un día de la fecha prevista de parto, y en nuestro caso, sabíamos que era una fecha exacta, no orientativa. Es la ventaja que tenemos al ser in vitro. Papiguerrero no se había cogido vacaciones para poder ampliar el permiso de paternidad unas semanas más cuando naciera el pequeño guerrero, así que estaba deseando doblemente que llegara.
En pleno agosto, con altas temperaturas y embarazada de 40 semanas, los días se me hacían cada vez más largos, así que cuando llegó papiguerrero de trabajar le comenté que el paseo de ese día iba a ser largo, necesitaba que el bebé se animara a salir. Así que, como teníamos que hacer unas compras nos fuimos al centro comercial más cercano, aprovechando el aire acondicionado, recuerdo que papiguerrero se cortó el pelo. Decía que quería estar guapo para la llegada de su primogénito. Estuvimos danzando toda la tarde de aquí para allá, y cuando bajó el sol, nos fuimos a pasear. Yo siempre iba equipada con mis zapatillas y mi botella de agua y teníamos que hacer descansos cada poco. Nos sentábamos en un banco un ratito y a seguir caminando. Después de toda la tarde nos dimos un paseo de más de una hora. Mientras, íbamos hablando de lo mal que nos venía ponerme de parto esa noche, porque estábamos muy cansados.
Llegamos a casa, y como hacía mucho calor nos metimos en la ducha. Mientras se duchaba papiguerrero preparé cena. Recuerdo que decidimos tomar un pan tumaca. Sí, podía comer jamón y tenía antojo. Así que me puse a cortar unas rodajas de tomate y poner la mesa. El jamón se lo dejé a papiguerrero para que lo cortase él.
Cuando me tocó mi turno, me metí en la ducha, con agua fresquita para refrescarme un poco. El calor era insoportable y cuando salí de la ducha, mientras me secaba, rompí la bolsa. Qué nervios!!! Avisé a papiguerrero, nos teníamos que ir al hospital.
Papiguerrero se puso nerviosillo, cogimos las cosas, que las teníamos preparadas desde hacía un par de semanas, recogimos la mesa, que ya teníamos preparada para cenar, y aunque quise cenar algo rápido, los nervios no me dejaron, así que partimos hacia el hospital. Por fin había llegado el momento.
El hospital está a 10 minutos en coche desde nuestra casa, asi que el camino no se nos hizo muy largo. Llegamos a urgencias sobre las 22:30h, dimos los datos y a esperar. Enseguida nos llamaron, me tomaron la tensión, me hicieron unas preguntas básicas y nos acompañaron hasta la zona de monitores. Estuve una hora en monitores y no había muchas contracciones aunque empezaban a ser fuertes, y apenas estaba dilatada, pero lo que estaba claro era que de allí nos íbamos con nuestro bebé en brazos, si todo salía bien.
Nos subieron a una habitación, para que estuviera tranquila y llevara mejor las contracciones. Me trajeron unas medias de compresión. Recuerdo que la enfermera que nos atendió no sabía ponérmelas y le pedí que me dejara ponérmelas yo sola. No tardé nada, estaba acostumbrada, llevaba todo el embarazo poniéndome las malditas medias. La enfermera alució con mi destreza y me dio las gracias por enseñarle el truco para ponerlas más fácil, que no era otro que empezar con ellas del revés, e irles dando la vuelta mientras subían.

Empezaron las contracciones fuertes y aquí nuestra odisea para conocer a nuestro guerrero luchador, pero continuaré contando el parto en la siguiente entrada. 

domingo, 23 de julio de 2017

Recta final del embarazo

Llegaban las últimas semanas de embarazo, se acercaba el momento de conocer a nuestro guerrero luchador. Ese guerrero que había luchado desde el primer minuto por conocer este mundo loco donde vivimos. Se había empeñado en quedarse y conocer a su papiguerrero y a su mamá. Quedaban pocas semanas para poder tenerle en brazos y ver la recompensa de toda nuestra lucha. Nos habían estado diciendo durante todo el embarazo que si el bebé tenía el peso adecuado, cuando llegara a la semana 37 me programarían el parto, para poder ponerme la epidural. Nos habían explicado que tenían que pasar 24h desde el último pinchazo de heparina y la epidural, porque si no, puede producirse un hematoma y tener graves consecuencias para mí, asi que programarían el parto, para no pincharme la heparina ese día, y para que no tuviera más riesgo de trombo y estuviera todo controlado. Como ya sabíamos, debería llevar las medias de compresión también en el parto.

Otro riesgo más. Decían que nuestro guerrero seguramente alcanzaría los 4kg de peso y su tamaño era bastante superior a la media, pero en el último momento decidieron que no había necesidad de programar el parto. En la revisión de la semana 37, teniendo en cuenta que en la Seguridad Social cada día me atendía una gine, me confirmaron que no me iban a programar el parto, que si tenía que dar a luz al bebé sin epidural, no pasaba nada, no sería la primera.

La verdad es que por un lado, es mejor que el parto comenzara de forma natural, y si luego podía ponerme la epidural, pues mejor para mí. En mi caso, tenía claro que si podía, la pediría. Pero por otro lado, la incertidumbre de la madre primeriza, de no saber hasta qué punto iba a soportar el dolor de las contracciones y los nervios de que todo saliera bien, me angustiaba bastante y a papiguerrero más todavía.

En  la recta final, me citaban cada semana y a partir de la semana 38 me empezaron a citar en monitores, para controlar si había contracciones y detectar lo antes posible que comenzaba el trabajo de parto, para evitar la heparina. Pero es muy difícil prever el momento exacto en que va a comenzar esta aventura.

Así llegamos a la semana 39 y en la revisión me comentaron que aún no estaba preparada y me volvieron a confirmar que no lo programarían. Pero me recomendaron que si notaba algo raro, fuera a urgencias sin ponerme la heparina ese día y allí me dirían si me podía pinchar o el parto era inminente.

Estábamos nerviosos y esto no ayudaba mucho. Así que, el día antes de la fecha prevista de parto, un sábado por la mañana, después de una noche con pequeñas contracciones acudimos a urgencias para que me confirmaran si podía o no ponerme la heparina. Allí estuve en monitores una hora y me exploraron, afirmándome que aún no estaba de parto. Ya nos lo imaginábamos pero queríamos tener todo más controlado de lo que era posible.

Esa tarde fuimos al retiro, a pasear y pasear para que nuestro pequeño guerrero se  animara a salir. Acabamos cenando en un tailandés y otro paseo hasta el coche. Aún recuerdo lo cansada que llegué esa noche a casa. Aún así, nuestro guerrero pasó un par de días más calentito sin querer salir.


En la próxima entrada os contaré como fue el momento de conocer al pequeño guerrero, pero mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

domingo, 9 de julio de 2017

Eco de la semana 28.

Pasaron las semanas. Hasta la eco en la clínica privada en la semana 28 nos hicimos controles y ecos en la Seguridad Social, tal y como establecían los médicos, al ser embarazo de riesgo. Y así, llegó el día de la visita a nuestro encantador doctor. Íbamos un poco preocupados, expectantes por ver qué nos decía sobre el corazón de nuestro pequeño guerrero, ese corazón que sonaba como caballos al galope, ese corazón, que ya tan pequeñito nos estaba avisando de que era un corazón especial, un guerrero especial.

Como en cada eco, el doctor nos indicó que primero lo revisaría todo y luego nos lo enseñaba y nos contaba. Esos minutos que en cada eco nos parecían una eternidad, en este caso, fue una eternidad al cuadrado. Tras revisar todo, nos informa que el corazón del bebé funciona correctamente, pero efectivamente, está girado, y la punta del corazón, en vez de apuntar hacia la izquierda, apunta al centro, y tiene una forma más redondeada de lo habitual.

Nos aclaró que si bien cuando existe una patología cardiaca es muy probable que sea consecuencia de otro tipo de patologías o incluso daños cerebrales, en este caso, todo está correcto, y lo único que  encuentra es la peculiaridad de la forma del corazón. No obstante, nos recomienda visitar a un cardiólogo infantil, especialista con el que él se formó en detectar este tipo de patologías y así quedarnos tranquilos. Nos apuntó que él si fuera su hijo, lo llevaría a este especialista para que lo valorara y que lo hiciéramos lo antes posible.

 Imaginad cómo se nos quedó el cuerpo. Qué llorera…. Estuvimos removiendo mar, tierra y aire, durante una semana, para conseguir una cita lo antes posible con el cardiólogo. De repente toda nuestra ilusión se desmoronaba y los fantasmas de las patologías seguían en nuestra casa, se habían empeñado en quedarse y no querían moverse de allí.

Conseguimos cita pasados unos diez días. Llegamos a la consulta, y esperamos en una sala de espera repleta de padres con sus niños, con un nudo en la garganta, a que nos llegara nuestro turno. Nos llaman. Ha llegado el momento de salir de dudas. Amablemente, nuestro doctor nos preguntó cómo habíamos llegado hasta allí. Le mencionamos que nos enviaba el doctor de la clínica de fertilidad y su comentario fue,” lo que diga él, está bien dicho, es un buen especialista”. Le contamos la historia y me pasa a hacerme una eco para comprobar. Lo de siempre, mira y mira, sin decir nada. Pasan los minutos, y lo único que se escucha es el corazón de nuestro pequeño guerrero. Para romper el silencio le pregunto “¿Esto puede ser hereditario? ¿Puede que lo tengamos alguno de nosotros y no lo sepamos?”, me mira, y me pregunta, “¿Hereditario el qué?”, me quedo pensando y le contesto “¿Lo que tiene el bebé?”, y tranquilamente me responde “Si el bebé no tiene nada, está perfecto. Hay personas más altas, personas más bajas, personas más gordas, más flacas, gente con ojos azules, o con ojos oscuros. No todos tenemos el corazón de la misma forma. Incluso hay quien lo tiene en el lado derecho. No pasa nada”.

Toda nuestra tensión cayó de repente. Respiramos de nuevo. Parece que nuestro pequeño guerrero, dentro de la normalidad, se había empeñado en recordarnos que iba a ser un niño muy especial. Por dentro y por fuera. Distinto desde su primer minuto hasta ahora.

Cuando salimos de la consulta, las hormonas hicieron su trabajo y me puse a llorar de nuevo, pero estas lágrimas eran de felicidad, de descanso. Parecía que todo seguía bien. Podíamos continuar disfrutando del embarazo. Ya quedaba menos para conocer a nuestro guerrero luchador.


En la próxima entrada os seguiré contando el seguimiento del embarazo, mientras tanto, gracias por seguir ahí. 

jueves, 6 de julio de 2017

Eco de la semana 20.


Como ya he contado en otras ocasiones, acudíamos al hospital público porque se consideró que el embarazo era de riesgo y allí me hacían una eco mensual. Además, nos quedábamos muy tranquilos visitando al experto en la clínica privada donde realizamos el tratamiento de fertilidad.

Llegó el momento de la revisión de las 20 semanas, que como ya es sabido, es una de las ecos más importantes del embarazo, donde se comprueba que los órganos se están formando correctamente, dicho coloquialmente. En el hospital nos dijeron que todo estaba bien, asi que respiramos con más fuerza y ahora tocaba volver a la clínica a ver al pequeño guerrero, que ya se hacía notar con sus patadas.

Como siempre, nuestro doctor fue muy amable con nosotros y se interesó por nuestro bienestar. Primero miraría todo tranquilamente y luego nos explicaría lo que había visto. Se nos hacía eterno cada vez que nos hacían una eco. Lo bueno era que al notar que se mueve, siempre estás más relajada, pero puede haber problemas. Nos seguían persiguiendo los fantasmas de la patología. Llegó el momento de escuchar a esos caballos trotando que simulaba el corazón de nuestro guerrero. Qué alivio, y nos explicó con paciencia cada una de las comprobaciones que el doctor había realizado. Ya estábamos tranquilos y nos comenta que ha comprobado el corazón y funciona correctamente, pero su posición y forma es peculiar. ¿Eso que significa? ¿Está bien? Nos tranquilizó y nos recomendó esperar a la semana 28 donde confirmaría que todo estaba bien.

Así que, aquí comenzaba nuestra nueva preocupación. Nos comentó que una patología de corazón podía implicar otro tipo de patologías, pero él no lo encontraba. Conclusión, había que esperar.

Intentamos mantener la calma, pero tuvimos algún que otro momento de nerviosismo hasta llegar a la semana 28, lo que se nos hizo muy largo. Ya os contaré en la siguiente entrada como fue aquella eco del séptimo mes.


Mientras tanto, no dejéis de soñar.